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jueves, 3 de julio de 2008

Entrevista a Jackie Chan:


Jackie Chan (Hong Kong, abril de 1954) tiene nada menos que 116 películas a sus espaldas y la última de ellas es Los rebeldes de Shanghai, secuela de la taquillera Shanghai Kid. "La verdad es que cuando me levanto por las mañanas me duele todo", dice el tan sonriente como sincero Chan, "tengo la sensación de que no voy a poder moverme en todo el día, pero cuando llego al plato se me olvida".
El tiempo, que acaba con cualquiera. Jackie Chan comenzó su carrera en 1962 y con los años se convirtió en una estrella del cine de artes marciales de Hong Kong, actuando en hasta 6 películas en un año. Desde 1998, gracias a hora punta , goza también del favor mayoritario del público norteamericano (donde a realizado sus dos últimas películas) y de gran parte del mundo, al mezclar combates de acción con toques de comedia. El actor firma que ha aprendido de Hollywood, pero que últimamente la acción ha dejado de ser divertida porque "los actores no tienen que hacer nada, todo son efectos especiales; en Hong Kong o Tokio le preguntas a un niño por los efectos especiales y no sabrá de que hablas",Chan va trufando todas sus frases con distintos gestos amenazantes, caras de "te voy a partir la cara" (no al periodista, que aún no le he dicho en realidad es Wong Kar-Wai, sino a un enemigo invisible que anda por ahí) y diversos "boom,boom,boom", que lo mismo vale en ingles en en honkonés que en español. Todo dios lo entiende. "Nosotros no ponemos sólo a un par de tipos peleándose, como en las películas americanas, sino una autentica pelea coreografiada de 20 luchadores. En las americanas, en una pelea de 10 personas solo dos se mueven y el resto, ¿que hacen? Es estúpido". ¡Ah, ya!.
La verdad es que la visita al plató de Los rebeldes de Shanghai es muy interesante. Cientos de camiones, muchos extras, aún más eléctricos (es increíble la cantidad de personas con cables que te pasan por al lado), dobles de estrellas (que realizan planos lejanos dirigidos por la segunda unidad), un enorme Big-Ben (parte de la película se desarrolla en Londres) del que colgara Chan en "un homenaje a El hombre mosca, de Harold Lloyd".
Esta es una película de Hollywood y se nota. Aunque también uno se siente patrimonio de la humanidad al estar en un rodaje en Praga de una película americana protagonizada por un hongkonés, y que en los descansos entre toma y toma ve un España-Paraguay del mundial de fútbol en el monitor de un técnico de sonido argentino.
El actor lleva dos meses trabajando siete días al semana 16 horas diarias, pero sigue con un entusiasmo contagioso. "De momento sigo adelante. Ahora prefiero hacer las cosas menos espectaculares, ahora ya no salto de los edificios ni de los aviones (habremos oído bien). Prefiero hacer las cosas pequeñas , por ejemplo, un tiroteo, saltar, moverte, esquivar;son cosas más creativas". Jackie esta encantado de volver a trabajar con Owen Wilson, del que habla maravillas, no como de su compañero en Hora punta, Chris Tucker, del que acabo más harto ("no quería hacer las cosas como yo las había programado y les quitaba la gracia").
Acaba el tiempo. El periodista piensa en sincerarse y decirle que solo ha visto un par de películas suyas, pero Jackie se levanta de la silla bailando, suelta un par de "boom,boom", sonríe y el síndrome de estocolmo se instala. Adiós, majete.
Entevista de el año 2002, de la revista cinemania.

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